domingo, 6 de abril de 2014

Desde Rusia con amor (II Parte - Moscú)

Bueno, me quedé en el tren nocturno.

Tengo que reconocer que iba un poco intranquilo por el tema del tren, pero una vez me acomodé, todo fue bien. Privacidad cero si vas por la opción barata, vagones llenos de literas, pero para una noche es más que suficiente. El tren va directo hasta Moscú, y desde allí en metro al hostel. Y esta vez si iba preparado con mis mapas y mis historias. Ajá, la tecnología es mi amiga...

El hostel pintaba ser muy cool y bueno y todo eso, pero nada más lejos de la realidad. La palabra asquete (por no decir cáncer de sida sifilítico) es la que me viene a la cabeza para describir los momentos de usar el baño. Gente ruidosa, bstante poco considerada, la peor experiencia hostel que he tenido con diferencia. Quitando eso, todo fue más o menos de forma decente. Claro.

Nada más llegar nos fuimos al centro a ver que nos encontrábamos. Y nos encontramos con la Plaza Roja y la Catedral de San Basilio. Espectacular, la verdad. Podías sentir el verrdadierro espírritu de la Madrrie Rusia. Lo único que estropeó un poco la visión de la Plaza Roja es que había una maldita pista de hielo en todo el medio que le quitaba el encanto...Ese día nos retiramos pronto al hostel.

El día 7 fue el día cultural, a parte de ir a visitar el Museo Estatal de Historia, en el cual intuyes muchas cosas porque pasan de traducirlo al inglés, fuimos al ballet a ver The Mayerling, esta vez a un teatro con profesionales, aunque no noté la diferencia,la verdad.
Respecto al museo, tengo que decir que hay cosas curiosas, pero si no eres un fan de la historia, y encima rusa, pues es un poco meh. Más tarde nos hicimos la foto de rigor en el Teatro Bolshoi, donde un par de reventas intentaron colarnos algunas entradas good places, cheapest price de dudosa autenticidad.

Al día siguiente, nos apuntamos de buena mañana a un tour gratuito que ofrecía el hostel desde allí hasta la Plaza Roja haciendo parada en sitios curiosos o no, depende. Lo bueno fue hacer contacto con el tipo para el día siguiente, tour por el Kremlin y el Metro. El final de este tour terminaba viendo un cambio de guardia en el Monumento a los Caidos.

Os traigo esta cosa dorada...
Por la tarde nos acercamos hasta el parque Gorki y al de los Monumentos a los Caídos en el que había una pista de hielo gigante y una pantalla para ver los Juegos de Invierno. En el camino pasamos por uno de los puentes del amor que tan de moda se están poniendo en Europa, y también nos encontramos con la fuente-estafa de Pedro el Grande. Digo estafa porque en algún lugar leí que el artista intentó venderla a España como monumento a Cristobal Colón en la expo del 92, y al no poder hacerlo (lo entiendo porque es fea con ganas), se la coló a los moscovitas como Pedro el Grande.


El último día me fui a mi bola a ver sitios debido a  incompatibilidades de prerencias con mi compañía en el viaje, y a hacer el tour con el guía del día anterior.
Mi primera parada fue el antiguo cuartel general de la KGB, que se encontraba justo enfrente de un edificio de una asociación llamada Kid's World, lo que no deja se ser una ironía al encontrarse al lado del edificio más terrorífico de la Guerra Fría...
Aproveché también para entrar en la Catedral de San Basilio, que por dentro es más bien pequeña, y al Mausoleo de Lenin. Las medidas de seguridad ahí dentro rozan lo absurdo, a mí entender. No dejan entrar móviles con cámara, cámaras, mochilas de tamaño normal, y tienes que pasar un detector de metales regentado por taciturnos y serios policías rusos. Y todo para ver a un enano de cera. Lo parece, lo juro. Ah, ¿he comentado que si llevas las manos en los bolsillos o te quedas mirando mucho rato a Lenin, te llama la atención algunos de los 5 policías que hay dentro?

A la 13 empezaba el tour, así que me encontré con el tipo en la puerta del Kremlin, y como no apareció nadie más, pues tour privado que me comí todo el día.
Dentro del Kremlin el muchacho me dio una charla muy muy currada sobre la historia y curiosidades del Kremlin. Millones de detalles que dudo que un guía oficial me hubiera contado, o si hubiera habido más gente. Si vais a Moscú y queréis cualquier tipo de tour, no dejéis de hablar con este guía, dinero bien invertido.
La ruta del metro estaba muy muy trabajada. Consiste en visitar las estaciones más llamativas, por arquitectura e historia. A mí me flipó, vaya. Mil curiosidades y anécdotas que os dejo por descubrir.

Y así fue el viaje a Rusia por que el día siguiente nos largamos. Lo único remarcable fue que tuvimos un rato de bastante tensión (y digo bastante) cuando por la cabezonería de mi compañera nos vimos en una estación diferente en el que coger el tren al aeropuerto, sin billete de metro para ella, y sin dinero ni tarjeta que funcionara. A punto de ir a la carcel estuve. A punto...

Seguiremos informando.

Consejo extra: Nunca, jamás, ni aunque os estén matando os acerquéis a la policía rusa. Dicho por lo propios rusos. El único país en el que me he sentido más inseguro con ellos cerca que sin ellos...
Apps útiles: Algunas son gratuítas, otras lo son en markets tipo Aptoide. Metro24, hiperútil. Hay tres tipos de mapas en ruso y en latino. MapsWithMe, mapas de cualquier ciudad. TouristEye, guay para mirar puntos que visitar, pero la localización de ellos por gps funciona como el orto.
En San Petersburgo hay wifi a mogollón.

sábado, 5 de abril de 2014

Desde Rusia con amor (I Parte - San Petersburgo)

Bueno, pues un 28 de Febrero comenzó mi andadura para esas tierras de Dios en la que vivían en cavernas hasta que San Cirilo se digno a llevar la religion (o eso me han contado).

Hice noche en Helsinki en compañía de Carlo, Magda y algunos otros más, y nos fuimos de cena a una especie de buffet de comida tipica finesa, pero nada de cutreces, un sitio de a 18 euracos la cena, pero muy bien invertidos por otro lado. Konstan Molja, merece la pena.

Y a las 5 de la mañana, salida en tren hacia San Petersburgo. En el tren nos pidieron el pasaporte como unas 3 veces, y a mí una de regalo (ya contaré despues). Decidimos ir en tren por comodidad y rapidez, aunque se puede ir en barco desde Helsinki como otra opción. A principios de cada semestre ISN monta un viaje a San Petersburgo de esta segunda manera, y me consta que es el único viaje decente que montan. Consejo extra: ¡Huir de ISN Rovaniemi! Por cierto, en barco es la única opción para entrar en San Petersburgo sin visado, como máximo 72 horas.

Pues bien, estamos en el tren intentando dormitar un rato, y pasa el revisor para pedir el billete (lógico) y el pasaporte. Poco despues una pareja de policías, o seguratas rusos, vuelven a pedir visado y pasaporte, con la correspondiente mirada de fotocopiadora.

Y por ultimo, y mis favoritas, una pareja de mujeres rusas al estilo compañera del Dr. Maligno una, levantadora de peso hormonada, la otra. Con los reglamentarios moño-trenza rollo a lo princesa Leia. Y justo detrás de ellas (literalmente), una mujer de labor desconocida que solo se dedicaba a hablar con el pasaje. Pues bien, cuando la levantadora de pesas me devuelve el pasaporte, entiendo que todo esta correcto, asi que me levanto para ir al servicio. No he dado ni un paso cuando la solitaria me intercepta y dice que no es viable, que estamos en medio del control aduanero, y que por favor pasaporte, y de regalo, que abra la maleta. Será que pretendo esconderme en el baño para entrar ilegalmente en el pais... Y allí que me veo aireando mi ropa.
-¿Lleva usted medicamentos?
-Sí, para la rodilla.
-¿Analgésicos?
-No, antiinflamatorios
- ¿Sabes el nombre? -
- Sí, pero dudo que usted lo conozca.
- Enséñaamelos.
- Son españoles.
- Que me los enseñes, he dicho.
- Da.
Saco mis pastillas y la sabueso lo mira, lo remira, me mira a mí, mira mi pasaporte (esto último no lo entendí. ¿Tengo que salir en la foto con las pastillas o algo?), mira mis medicamentos, y me lo entrega con un: Está todo bien. ¡Venga, hombre! Ni te suena, ni lo has visto en tu vida de eterno invierno siberiano, señora mía, pero ya que me la has liado a la antigua usanza en plan Danko, te las tienes que dar de superrusa. En fin... Gracias a Dios el resto del viaje se dió sin problemas ni novedades.

Llegamos a St. Petersburgo y me doy cuenta que me he descargado un mapa offline que no funciona (olvidaros de la app de Navfree para Rusia, es una estafa, no encuentra nada ni en cirílico ni en latino) y que los pantallazos de google maps eran de otra estación de tren. Bien Rubén. Después de un buen rato buscando trozos de mapas que tenía repartidos por varios archivos conseguimos "componer" una especie de recorrido para llegar al hostel. La leche que lejos estaba... Durante el camino nos dimos cuenta que los pasos de cebra brillan por su ausencia, puedes andar fácilmente tres o cuatro manzanas sin encontar uno que cruce alguna avenida, raruno, raruno.

En la puerta del hostel nos estaba esperando una conocida del primer semestre que nos haría de guía durante un par de días. Muy maja ella que había venido expresamente a San Petersburgo para ello.
El hostel está bastante bien, había algunos personajes de dudosa moralidad e higiene, pero por lo demás sin problemas. Nos echamos un par de horas para recuperar algo de sueño, fuimos a comer y a patear como estaba previsto.

La primera parada, casi obligatoria, es la famosa Catedral del Salvador sobre la Sangre Derramada, estampa típica de San Petersburgo. En un principio se llamaba solo del Salvador, pero después del atentado por el que murió un, ¿voy a decir zar? (no recuerdo), le cambiaron el nombre. Ese día estábamos un poco destrozados, así que revoloteamos un poco por la Avenida Nevsky (el equivalente a la Gran Vía madrileña) hasta llegar al Hermitage, ver los horarios, y de retirada al hostel.



No he mencionado el curioso sistema de metro de San Petersburgo, en el cual tienes que comprar unas monedas para poder acceder. Un poco arcaico y de coña al mismo tiempo. Estos ruskis...

El día siguiente fue el día de ir al ballet. Estás en Rusia, vas al ballet. Así de claro. Y tengo que reconocer que para mi sorpresa, y para la de algunos amigos que me leen, tengo que reconocer que me moló bastante. Tanto que en Moscú fui yo el que insistió en ir también. El ballet en Rusia es algo así como ir al cine en el resto del mundo, pero con clase. La gente se arregla como para ir de boda, y yo ahí con vaqueros y sudadera desentonaba un poco, pero bueno, es parte de la experiencia viaja-barato, conviértete-en-guiri. Obra: La Cenicienta. Sitio: Conservatorio. Precio: Irrisorio. Ojo, para el Lago de los Cisnes, los precios varían de ganga a riñón izquierdo. Briconsejo: Dejaros de ofertas con ISN, que dinero no van a palmar, y dirigiros directamente a la web del teatro, si lo pilláis con tiempo podréis encontrar precios baratos. Por la tarde nos hicimpos visitas obligadas a las catedrales de San Isaac, y Nstra. Sra. de Kazan. La primera por las vistas estupendas desde lo alto de la cúpula (el interior no nos dio tiempo, pero hay fotos chulas en internet), y la segunda por ser gigante, bonita y si pillas misa dentro, es curioso ver las diferencias entre el servicio, música, etc. católico y ortodoxo. Por cierto, en las iglesias ortodoxas los hombres deben llevar la cabeza descubierta y las mujeres cubierta, puede ser una capucha o gorro, pero si no os llamarán la atención.
El último plan fue un museo de cera de la realeza, que si bien está muy bien hecho y todo el tema, me pareció un plan en el que me hubiera ahorrado unos rublos, la verdad. La nota curiosa del día fue conocer a un tipo en una parque que nos tocó una canción rusa de un cantante de los 70 que me moló bastante. Nos ofreció un plan al dia siguiente que acabó fallando, pero bueno, es lo que hay.

El día 03 nos fuimos por la mañana a ver Peterhof, un palacio con jardines impresionantes. Mirar fotos en internet, incríble. Eso sí, si vais antes de Junio, preparaos para un chasco porque las fuentes y jardines, el principal atractivo están cubiertos, sin flores, sin agua... sin gracias. Yo me lo apunto para volver con Ana en temporada veraniega. A la vuelta hicimos parada en la catedral de Pedro y Pablo (sí, aquí todo son catedrales al parecer). Catedral con las típicas cúpulas bulbiformes, que nos enteramos en algún momento, que son así porque quieren imitar llamas de velas. El punto curioso de esta catedral es que estuvo tomada por los nazis al tener una disposición estratégica al poder ver el avance ruso desde bien lejos. En un momento dado, una bomba atravesó una cúpula y se quedó en su interior, y al no explotar, lo consideraron intervención divina y ahí que la tienen guardada. Si no vais con alguien que hable ruso, olvidaros de recibir esta expliación. Ah, es cierto, me olvidaba. En Rusia no habla inglés ni Perry, avisados estáis...
Por la tarde visitamos el Museo de Arte Contemporáneo. Teniendo en cuenta que está a tomar viento de cualquier sitio, mucho te tiene que gustar para ir. Si lo llego a saber...

El último día fue el que dedicamos al Hermitage. Y hacerme caso en que le podréis echar el día entero. Dos mejor. La app del museo está genial, y ayuda el mapa para ubicarse y para ubicar obras. Esperábamos que nos clavaran un poco aún con descuento de estudiantes, cual fue nuestra sorpresa que los estudiantes entran gratis. Así que nos permitimos el lujo de salir del museo para comer al lado de las taquillas, recibiendo la consiguientes miradas de "¿qué mierda están haciendo éstos?", pero no se pueden meter agua, comida ni mochilas grandes. Tampoco está permitido hacer fotos sin pagar un extra, pero no te controla nadie.
Por la noche dimos una vueltecilla por el río, nada especial que contar.

El día anterior nos habíamos quedado sin guía autóctona, pero en el Hermitage no es que hiciera mucha falta. Sin embargo, el último día tuvimos el apoyo de una chica española que estaba allí estudiando. Visitamos la fortaleza de Pedro y Pablo, pero todo estaba cerrado así nos quedamos sin ver la antigua carcel. De ahí nos fuimos a ver el convento Smolny, pero la visita duro apenas 10 minutos porque había misa y un cartel gigante que avisaba que no se permitían turistas. Era nuestro día eh. Menos mal que esta muchacha nos enseño esas curiosidades típicas que solo conoces cuando te puedes considerar de un sitio (yo soy de Madrid y creo que no conozco ninguna, vaya tela...). Os lo escribo aquí para el que quiera probar: Es una especie de estatua en el que hay que buscar el ojo de una cerradura, y si lo encuentras puedes pedir un deseo. ¿Cierto? No lo sé. Pero estas chorradas me pierden. La dirección es Malaya Sadovaya Ulitsa 3/54, hace esquina con Nevsky Prospect, justo donde hay una cafetería decorada de verde como si fuera una jungla (entrar, por dentro es como muy ricachón todo, incluídos los precios).
¿Dónde está el ojo de la cerradura? Suerte...
La aventura del día ocurrió cuando un tipo me intentó robar. El amigo se me acercó intentando venderme no sé qué mierda, y se cubría una mano con lo que me intentaba vender. Al grito de la guía bajo la mirada, y ahí que veo la mano del amigo rebuscando. Previsor como soy, cartera y móvil las lelvo siempre a buen reacaudo. Pero con todo y con eso, el tío me mira y me suelta Fuck you. ¿Y os podréis creer que eso fue lo que más me tocó las narices? Encima que te intentan robar...
Por la tarde noche nos fuimos en búsqueda de unas esfinges egipicias traídas (robadas) de Egipto, obvio, y la llama perpétua del campo de Marte, cerca de la Sangre Derramada.

Y hasta aquí la visita a San Petersburgo, por la noche nos fuimos a Moscú en tren, pero eso para la siguiente entrada.

lunes, 24 de marzo de 2014

Entramos en tiempo de descuento

Dos meses exactos para dejar Rovaniemi y el momento de empezar a despedir gente ha llegado antes de lo esperado.

Hablando sobre el curso que hemos pasado, la gente que ha corrido por Kuntotie a lo largo de estos meses, el EILC... unos y otros empezamos a comentar con cierto reparo que estas últimas semanas están corriendo demasiado rápido. Los momentos de buscar billetes de vuelta, junto con ensoñaciones de encontrar otros con destinos internacionales para visitar a tal o cual persona, se empiezan a convertir en habituales. Siempre se echa de menos tu sitio y tu gente, pero también se vuelve la cabeza atrás y te das cuenta de que vas a añorar Rovaniemi, eso seguro.
Feliz pareja en su 2º aniversario

Después de haber pasado un accidente, millones de salchichas al fuego hasta decir basta, saunas, cervezas al caer la tarde, excursiones, viajes, aprobar el exámen de finlandés (con su ayuda), visitas a Helsinki, visitas sorpresa a Rovaniemi y miles y miles de chistes absurdos por whatsapp, ha llegado el momento de despedir a Carlo. El primero de muchos, me temo, pero sin duda uno de los más grandes.

¡Un abrazo enorme, Carlo! Cuídate, y nos veremos.

lunes, 10 de febrero de 2014

Tornio

El finde de mi cumpleaños se montaba una fiesta multitudinaria en mi edificio, así que intuyendo que sería imposible no solo dormir, sino vivir, aproveché la invitación de Saara para irme a Tornio con su familia. Tornio es una ciudad al sur de Rovaniemi que es mitad Finlandesa, Tornio, y mitad Sueca, Haparanda, así que es un poco la coña cambiar la hora cuando cruzas el puente.

Saara y sus hermanas me recogieron en Kemi, donde vive su abuela, y nos fuimos a comer. Cabe destacar que la buena señora pagó por todos, y no me dejaron insistir en pagar lo mío. La abuela es una grande, muy divertida y muy agradable. Incluso nos enseñó (me enseñó) la casa y soltó una coña en plan que me podría quedar a dormir allí, la buena mujer. Allí dejamos a la abuela, y rumbo a casa de Saara.

Saara, servidor y la hermana de Saara
Tornio en sí no tiene mucho que ver, en palabras de Saara. Puedes encontrar algún plan que hacer (ese fin de semana había una feria de tatuajes) pero a mí me basto con ir por la noche a casa de su amigo Panu, que tiene una kota, y echarnos unas risas Saara, su hermana, Panu y yo, tomando algo y haciendo salchichas. El camino de vuelta, en taxi, fue una odisea con Panu haciendo de azafato, pero nos granjeó un descuento del taxista que comentó que se había reído un montón.

Muerte por glucosidad...



Al día siguiente, visitilla a la parte Sueca y a Candy World, una especie de paraiso de las chucherías y depravaciones azucaradas. Y también a un supermercado donde pude encontrar mayonesa, que aquí en Rovaniemi brilla por su ausencia.

En resumen, fin de semana ligero, pero muy entretenido.


Lo siguiente: Como me fue el viaje por Rusia, y consejillos para buscar trabajo en Rovaniemi.

Seguiremos informando.

miércoles, 29 de enero de 2014

Navidad!!

Más de dos meses sin actualizar y más de uno desde que volví de España, lo tengo muy dejado, oigan.

Podría hablar sobre como se lleva la Navidad en Rovaniemi, pero lo cierto es que teniendo en cuenta que huí el 10 de Diciembre, pues me perdí todo lo gordo.

Eso sí, tenemos la coña de que el Corte Inglés comienza la temporada de Navidad terminada la de verano y que no es Navidad hasta que ellos lo dicen, pero aquí no se quedan cortos. Rovaniemi empieza a prepararse para la temporada a finales de Octubre, y ya se empiezan a ver los típicos adornillos por las puertas y demás. Y luego a finales de Noviembre se prepara en Santa's Village la Ceremonia de Inauguración del Invierno, que aunque poarezca mentira me recordó un montón a ésto:


Hay que decir que todo el acto fue un poco meh. Vamos, que ni fú ni fá. Puede que para los lugareños y los niños estuviera muy bien, pero solo puedo recalcar 3 cosas:

1. El magnífico coro infantil. (Nótese la ironía, y he ahí la prueba).
2. Los acróbata vestidos de elfos viejos (¿?).
3. El discurso de Santa Claus, que si es más corto, tenemos que hablar nosotros.
















Depués de esto, poco me ocurrió digno de contar. Pasé el resto de los meses sin pena y sin gloria, hasta la llegada del día antes de viajar, en el que aproveché que mi compañero de piso estaba de viaje para hacer un cena de despedida de la gente que no estaría en el segundo semestre. La verdad es que fue bastante divertido y me reí un montón con las ocurrencias de mis vecinos austríacos (Ay, como os echo de menos, Simon y Caro).

El día del viaje se me hizo un poco largo, bueno, más bien un huevo, porque para pillar un precio medianamente decente, mi vuelo salía a las 8 de la mañana y llegaba a España a eso de las 23, con tres escalas entre medias. Solo una palabra, eternidad...
Cabe destacar que en el vuelo de Amsterdam - Madrid, en las salidas de emergencia, estaban sentadas unas señoras españolas de unos 70 años (que aventureras, oiga). Y esto, sin saber muy bien por qué, causo la desazón de un matrimonio que tenía al lado mío, también españoles. Al parecer, según él, esas señoras eran muy mayores para estar sentadas en ese sitio, donde si hay una emergencia, tienen que proceder de una manera especial, y "esas señoras mayores, a saber si podrán...". Y lo dice un tío que rondaba los 60 y pico... Hay gente para todo. Y yo pensando, tío, si tenemos una emergencia en vuelo dudo mucho que nos vaya a hacer falta abrir esa puerta. Es lo que tienen los aviones, que tienen el índice de accidentes más bajo, pero cuando tienes uno, lo hacen a lo grande.

Bueno, pues a la llegada al aeropuerto, allí que me esperaban unos amigos, y nos fuimos a tomar unos vinos, que había que celebrarlo.

El día siguiente fue el de la sorpresa. Confabulado con Isra, Ana y Marta, me presenté en el Ces para sorpresa de Ana M. Y ahí empezó un mes de vacaciones que resumo en la siguiente imagen:


martes, 10 de diciembre de 2013

El amigo finlandés

Dejarme contaros de que va el Finnish Friend Programme.

Este programa coordinado por las oficinas internacionales de las universidades finlandesas, está dirigido a estudiantes extranjeros que quieren tener la oportunidad de conocer a -en principio- una persona con la que poder integrarse un poco más en esta bienamada cultura nórdica. Y por su parte los finlandeses quieren tener la oportunidad de enseñar a alguien el estilo de vida finés o lo que se tercie.

Cuando en la semana de bienvenida, en una de las (muchas) charlas informativas, te cuentan sobre este programa, una de las cosas que te dicen es que antes de nada, debes estar seguro de tener la mente lo suficientemente abierta. Puede que tu amigo finlandés sea desde un padre de familia con tres hijos, perro y casa en la montaña hasta un hombre de mediana edad soltero, con dudosos hábitos sociosanitarios y graves problemas de alcoholismo (nada difícil en este pais, todo sea dicho).

Bueno, pues el día señalado para el meeting, me encuentro en la mesa con una señora (rubia, no podría ser de otra forma) de mediana edad y una chica joven (rubia también). Saila y Julia, madre e hija respectivamente, muy simpáticas. Saila es maestra en un colegio de aquí que me invita a visitar su clase de forma inmediata (cosa que todavía no he hecho por diversos contratiempos). Julia, por su parte, estudia turismo y es bastante encantadora. Y me cuentan su árbol genealógico. ¡Son una familia de 7 hijos y 13 nietos! El más jóven, Julius, aparece al poco rato en brazos de su madre Anniina, también muy simpática. De lo primero que me preguntan es si necesito ropa para el invierno o muebles para el piso, y me proponen ir a esquiar, hacer hikking (senderismo), ir de caza y lo mejor, ir a una cabaña que tienen en medio de ningún lado, con sauna tradicional y esas cosas tan finlandesas. Me ha tocado la lotería con esta gente tan estupenda.

Mi nuevo colega, Julius
Pocas semanas depués visité una casa que tienen en el campo para conocer más familia. El padre es un señor bastante imponente, también profesor pero de vocational school (lo que serían nuestros grados medio y superior), cazador y no habla más de cuatro palabras en inglés, pero no por ello dejó de ser un conversación interesante hablando de política, economía y costumbres varias. Todo mediante la traducción alternativa de su nuera, una chica también muy simpática que habla español, y tiene tres niños monísimos.
Rapidamente me invitaron a cazar alces el siguiente fin de semana, pero una serie de despropósitos tiró por tierra el plan que espero que me ofrezcan en un futuro.

El semestre ha pasado y entre algún viaje (veáse Tromsø o Helsinki, esta última entrada está por llegar), clases, prácticas y cúmulos de acontecimientos en contra, lo cierto es que no he podido disfrutar mucho de mi familia finesa. Julia se fue hace unas semanas de prácticas a Alemania, pero "en su lugar" ha aparecido una nueva hermana, Kristiina. Habla español, estudia también turismo y es una tía muy divertida.

Las dos últimas veces que nos hemos visto me han llevado de visita a Santa's Village para la ceremonía de apertura del invierno (bastante meh, he de decir) y de compras navideñas baratas, que me quedaban cosas por hacerme con ellas.

¿Puntuación hasta ahora?: Pues hablando con varios de mis compañeros que también están en el programa, ni uno solo se ha quejado de sus familias, por lo que recomiendo a todo el que venga que no deje pasar la oportunidad de conocer otro tipo de gente y actividades fuera del ambiente "erasmusil". Lo peor que puede pasar es que no congenies y dejes de quedar con esa/s personas. Bueno, seguro que hay peores cosas que un grupo de desconocidos podrían hacerte en una pais lleno de bosques donde nadie te encontraría en años, pero no vamos a ponernos en ese plan...

Hasta aquí la crónica. Seguiremos informando.

Unos días por Helsinki

Bueno, pues aprovechando que con Carlo tengo casa gratis en Helsinki, cogí una ofertaza de Vr (la Renfe finlandesa) en la que me daban cama por el mismo precio que un asiento a precio normal, y oye, en un trayecto de 12 horas de tren, se agradece.

Pues allí que me presenté para ver la ciudad y visitar a Carlito. Lo primero que hice, teniendo en cuenta que iba a viajar bastante de Helsinki a Espoo (el suburbio donde vive Carlo) fue pillarme una Single Card (una tarjeta de color verde) para 3 días. Se compran en los R-Kioski, y hay uno tanto en el aeropuerto como en la estación de tren, y repartidos por la ciudad. Con esta tarjeta puedes se puede usar metro, bus, tranvía o el ferry a Suomenlinna. Pero antes de nada, aconsejo muy mucho que antes de llegar a Helsinki descargarse la aplicación Andropas, esencial para moverte por Helsinki en transporte público. Sólo funciona en Android, así que si tienes un iPhone, te fastidias por gafapasta y moderno.

Lo primero a lo que me dediqué, visto que Carlo tenía clase, fue a recorrerme parte de Helsinki siguiendo la ruta a pie que recomienda la Lonely Planet (gracias Teo, Isra y David). Es una forma curiosa de ver cosillas de la ciudad, pero las dos horas de caminata me dejaron la rodilla como un melón.

Quedé con Carlo por el centro, cenamos algo, y nos fuimos a tomar alguna cerveza por ahí. En mitad del camino, una argentina que estaba bastante perdida se nos adobó al plan. Carlo, estupendo guía donde los haya, nos llevó a lo alto de un hotel desde el que poder ver Helsinki, y cuando decidimos que ya estábamos a punto de perder dedos de la mano por congelación,  nos fuimos hacia un local con música en directo bastante buena, el Kustaa Vaasa, con unos baños que no hacían honor al término "letrina turca". Oh, Dios mío, pobre la persona que se dedicara a limpiarlos...
Al día siguiente, Carlo tenía clase de nuevo, así que me hice una visita autoguiada por Suomenlinna, visita muy muy recomendable. Suomenlinna (fortaleza finlandesa, literalmente) son un conjunto de 4 islas que han servido de fortaleza en varias ocasiones a lo largo de la historia, aunque con no muy buenos resultados. Hay una camino (el azul, creo recordar) que recorre las 4 islas por los sitios más importantes, pero mi consejo es que te dejes perder de vez en cuando, es imposible que no encuentres camino de vuelta. Pero, ojo, si vas por la tarde, controla la hora porque si el último ferry se larga, te quedas la noche completamente tirado (no, no me paso, Diego, te veo venir). En algún punto en el camino hay un mapa con sitios para ver, echarle un vistazo a lo que os pueda interesar. Según caminaba por los edificios, cada vez más tenía la sensación de que la isla había permanecido completamente ajena al tiempo. Parecía un escenario de una película de la Segunda Guerra Mundial, o una campaña del Commandos

El Katajonokka
A la mañana siguiente, Carlo por fin estaba libre y nos dedicamos a hacer un poco de visita cultural por la ciudad. La primera parada fue el hotel Katajanokka, una antigua cárcel convertida en hotel. Si tienes tiempo, merece la pena hacerse una visita (es gratis) a modo de curiosidad. La cárcel es del tipo de las películas americanas, de 1800-1900 (véase la Milla Verde y demás), y es interesante darse una vuelta por los pasillos y el patio, y si pillas la hora de limpieza, colar la cabeza un segundo para ver las celdas reformadas. Eso sí, a no ser que tengas mucha pasta, y si estás leyendo este blog permíteme dudarlo, olvídate de pasar una noche pues es de los hoteles más caros de Helsinki.
Continuamos con la visita cultural del día yendo al Museo de Diseño, que me sorprendio gratamente.
Y ya por último, cerca del parque Sibelius, habíamos quedado con Nico, al que no veía desde Agosto, en una cafetería a pie de puerto. La cafetería, pequeña, modesta y acogedora, se llama Regatta, y tienen un curioso sistema de venta: Pagas por café/té y un korvapuusti, y por cada vez que rellenas la taza, te devuelven 5 céntimos.

Del día siguiente, lo más remarcable es la visita a la sauna pública alimentada con leña, más antigua de toda Helsinki. La experiencia sauna es diferente para cada uno, y depende del nivel de pudor que uno tenga, pero se va en bolas, vaya. Así que, no te sorprendas de ver culos arrugados y una tía que podría ser levantadora de peso, siendo la masajista de la sauna.

Y hasta aquí mi visita por Heslinki. Seguiremos informando.

Tromsø y la virtud de elegir buenos compañeros de viaje

Son ya casi dos meses sin tocar el teclado y cada vez se me juntan más borradores esperando tomar forma, voy a empezar a actualizar con esta entrada.

Como dice el título de la entrada os voy a hablar de Tromsø. Y de la virtud de elegir buenos compañeros de viaje. Virtud, que por supuesto, no tengo. Sí, voy a lloraros un poco más.

Tromsø es una ciudad al norte de Noruega, parte isla (la parte principal) y parte continental. La llaman la Paris del Norte, pero como nunca he estado en Paris, pues vale, me lo creo.
Todo comenzó con una idea propuesta a mi teutón compañero de piso, y de repente me veo planificando un viaje con su insufrible amigo-apéndice también teutón, una compañera de la uni que meh, y un compatriota llorica para verguenza íbera. Se adivina cuanto menos interesante el viajecillo.

Puestos a ahorrar unos euros de donde sea, reservamos en el camping de Tromsø unas cabañas bastante baratas que resultaron ser un acierto. Eso sí, escuchar la voz aguda del amigo-apéndice quejándose cada vez que se abría la puerta porque se le enfriaban sus pies de nenaza, fue un poco (introduzca aquí término peyorativo estándar). Compórtate como un hombre, por Dios.


Comprobando si el
hielo es lo suficiente
grueso para caminar
El 18 de Octubre recogimos los coches de alquiler, y a la carretera, nos esperaban 8 horas de camino.
Y menudas 8 horas... Paraditas para hacer fotos a florecitas congeladas, un reno a tomar por saco y un carámbano de mierda al borde de la carretera, las que quieras, oíga. Eso sí, 20 minutos para tomar un maldito bocadillo tranquilamente, NEIN!, que perdemos mucho TIEMPEN! Me cago en los alemanes, hombre ya... Y encima se meten con mi manera de conducir poco eficiente...tócate las narices. Pues al final el coche que menos consumió fue el mío, PAYASEN.

Ya os avisé que os iba a llorar.

Pero no todo va a ser eso, os cuento un poco de la ciudad.
Cosas que merece la pena ver (en mi opinión): la Catedral Ártica, la pillamos cerrada pero está bastante chula. Tiene una de las vidrieras más grandes de Europa. La subida en teleférico es completamente IMPRESCINDIBLE, las vistas son estupendas y en mi opinión merece cada € (de los 15 con descuento de estudiante) que se pagan. Hacer zoom. Pasear por el centro de Tromsø no tiene tampoco desperdicio, la arquitectura es cuánto menos curiosa (no entiendo de arquitectura así que no me atrevo a usar un término más apropiado). El pub Ølhallen lo dejamos para el domingo antes de irnos y nos lo encontramos cerrado, además durante el resto de la semana tiene horarios bastante extraños (L-V de 10h a 18h ¿?). Fue una pena, porque leí en un montón de sitios que merece la pena visitarlo.

Cerca de Tromsø  merece tampoco hay que dejar de ver el pueblo de Ersfjordbotn (dilo en voz alta si hay huevos) con un fiordo bastante impresionante, supongo que no será comparable a los más famosos de la costa oeste de Noruega, pero bueno, juzgar vosotros mismos. También hay un museo con forma de bloques de hielo que a algunos no nos interesaba mucho, sin embargo a esos mismos sí que nos motivaba plantear el camino de vuelta puesto que al día siguienten teníamos clase. Así que el germano team, haciendo alarde de su buen proceder en cuestión de viajes, decidió dividir el grupo general en a favor y en contra. Pues que os den.

Eso sí, oh designios del destino, en el camino de vuelta mi coche hizo parada en una cascada bastante impresionante (la foto no le hace justicia) y el otro coche no supo encontrar el camino. Recuento final: llegamos a la misma hora, ellos se dejaron 15 lereles en un museo que no merecía mucho la pena (reconocido con la boca pequeña) y se perdieron unas vistas bastante dignas. Vaya, vaya, quien sonríe ahora, ¿eh, imberbe de las narices? ¡Metrosexual!



Resumen: ¿Merece la pena visitar Tromsø? Sin lugar a dudas.

Próxima entrada, el programa del Finnish Friend. Seguiremos informando.

lunes, 14 de octubre de 2013

Como ser cutre hasta más no poder

Como cada mañana, cuando me levanto sigo una rutina estupenda de mirar la predicción del tiempo en el móvil, confirmarlo con el termómetro que tenemos pegado al exterior de la ventana, y por si acaso, atreverme a dar una par de pasos en el balcón.
Y como cada mañana, las tres acciones parecían complementarse y decirme que, si bien hacía fresquillo (tócate los huevos que 2 º me parezca un día "de los buenos"), no era necesario contar con capas extras o, aquí viene la pista, el chubasquero.

Pues bien, paso mi día en la universidad como tantos otros, hago un poco de Skype con Ana M. como es lo habitual, y ¿qué me encuentro cuando salgo? La puta tormenta perfecta. El jodido apocalipsis hecho lluvia. Y yo con estos pelos.

Voy a volver a meterme en la uni un rato a ver si esto se pasa -pienso-, pero que narices, son las 20 y ya es hora de cerrar, así que el amable (nótese la ironía) conserje me informa que me tengo que largar. Ya en el soportal, se me ocurre volver a mirar la predicción a ver si me da esperanzas de que vaya a durar poco. Toda la maldita noche. Me cago en...

Así que miro al cielo y extiendo la mano como un imbécil a lo Santo Tomás (no vaya a ser que la lluvia sea producto de mi poca fe), pero nada. Me encojo de hombros, y me resigno a mojarme un poco. Del camino del soportal a la bici, mis pantalones ya chorrean. Interesante camino a casa...

La pregunta del millón cuando entré en el portal fue: ¿Está lloviendo? No, es que vengo de hacer buceo sobre bici en el lago, no te jode...Los hay lerdos y luego está el ruso éste hipermusculado o de donde mierdas sea. ¡Vete a la biblioteca y menos al gimnasio, coño! Me voy del tirón a la lavandería a meter mi chorreante ropa en la secadora y ¿que me encuentro? que está estropeada. Bueno -pensaréis-, seguro que puedes usar alguna otra, Rubén. Y una mierda. ¿No os he contado que uno de los beneficios de vivir en Kuntotie es que sólo hay tres lavadoras y una secadora para más de 300 estudiantes?

Así que fruto de la desesperación y haciendo gala de que la necesidad agudiza el ingenio, aquí os presento mi último logro en la escala Mierder-Cutrez.

Sí, amigos, sí, ese es mi horno a toda potencia haciendo la veces de secadora y aprovechándose de que la electricidad es gratis. ¡Chúpate esa, DAS!

Seguiremos informando




sábado, 28 de septiembre de 2013

Resumen mensual: semana de orientación, papeleos, primeras clases...

Bueno pues ya son 2 meses aquí.

Gracias a Dios, la estancia del curso de finlandés me ha servido para a) estar mil veces más relajado que los recién llegados, y b) poder no asistir a charlas y sitios que ya visité, y así tener tiempo para mis quehaceres (que ama de casa suena eso).

La universidad finlandesa no tiene nada que ver con la española. Primero porque hablan diferente. Segundo porque matricularte es, en cierto aspecto, lo que se conoce como pifostio. Tú te montas tu horario de clases, te apuntas a las que quieres, las tienes que cuadrar con las demás, etc. Es cierto que es un sistema mucho más libre para el alumno, pero también exige mucha más atención y madurez a la hora de llevar tu curso. Si por algo son los mejores los rubiales estos...

En nuestro caso (magisterio) tenemos que ir a clase casi todos los días, cosa que para mí es de agradecer. Los de derecho, excepto algunas puntualidades, es yo-me-lo-guiso-yo-me-lo-como en casita hasta el exámen. ¿Bueno o malo? Según para quien.

El learning agreement que se rellena desde vuestras universidades, aquí se puede modificar completamente y así ver más asignaturas que en la web no aparecían, cursos online, etc.
Recomendación: cuando vayáis a haceros los horarios, guardaros una tarde tranquila y centraros en eso porque hay que tener cuidado con qué asignatura coger, cuándo y dónde. Del resto, te informan en la universidad o los tutores. Aún con todo y con eso, he tenido que rehacer el maldito papelajo 2 veces.

La primera semana estuvo salpicada de un par de fiestas en garitos de aquí: Tivoli, el lugar erasmus preferido, y Doris, algo más cool y palabras de ese tipo (a Ana no le gustaba, pero preguntarle a ella por qué). Los precios no son caros, tanto en entrada como en bebida, pero cuando vaya más veces comentaré si se mantienen.
La primera fiesta, en Tivoli, era para todos los erasmus, que sumado a la gente finlandesa hizo del ambiente algo parecido a un infierno con la calefacción a tope. En invierno tiene que ser super sano salir sudadísimo a -25º...
La segunda, Doris, era también para erasmus principalmente, y consisitía en llevar los colores de tu bandera como ropa. Mi amarillo era un poco claro, por lo que todo el mundo me preguntaba dentro que porque llevaba camisa blanca y camiseta roja, así que al final decidí contestar que era japonés adoptado. Lo jodido es que alguno que otro no se quedaba muy convencido.

A todo esto, he aquí el aviso del día: Los finlandeses tienen un problema serio con el alcohol, estar preparados para aguantar borrach@s. En serio, beben mucho. Y seguido.

Por lo demás las clases han comenzado ya y es cuando de verdad te vas dando cuenta de si te has montado un buen horario o no. Por ahora no me quejo.

Hace dos semanas, nuestro simpático tutor del curso de finés, Ville, nos propuso participar en un partido de baseball finlandés, que resultó ser un torneo de una tarde. Y tengo que decir que los finlandeses fueron unos auténticos rastreros, pegándonos la paliza de nuestra vida. Pero no a base de darle fuerte a la bola (mariconas), si no a aprovechándose que no conocíamos la reglas. Lo cierto es que nosotros fuimos con la intención de pasar una tarde divertida y de repente nos encontramos en el equivalente amateur de la liga americana. Si parecía que se jugaban algo y todo. En fin...





En otro orden de cosas me he convertido en el nuevo miembro del club de escalada de Rovaniemi. Veremos que tal se me da.




Y por último, el tiempo ha cambiado radicalmente en esta semana y la gente está esquizofrénica perdida. Tengo que decir que mi amigo Diego estaría muy orgulloso de mí, puesto que yo, friolero por excelencia, estoy aguantando una temperatura similar al invierno español con mucha mayor estoicidad que el resto de españoles e incluso algunos alemanes, franceses y de por ahí.




Creo que no tengo mucho más que contar en este post. A ver si para en algunos de los próximos pongo fotos de la universidad.

Seguiremos informando.